
Formada en la Werkkunstschule de Colonia antes de ingresar, en 1973, en la Kunstakademie de Düsseldorf, donde permanece hasta 1982. Durante su estancia en esta institución, Candida Höfer estudia primero la disciplina cinematográfica junto a Ole John, especializándose, a partir de 1976, en fotografía con Bernd y Hilla Becher. Entre 1997 y 2000, Candida Höfer trabaja como profesora en la Hochschule für Gestaltunt de Karlruhe.
Siguiendo el método de trabajo iniciado por sus maestros, sus fotografías muestran un interés casi etnográfico por la multiplicidad de formas de presentación de la cultura contemporánea, relacionándose de un modo muy particular con los escenarios donde se desarrolla la sociedad y el conocimiento, principal objeto de su fotografía desde la década de los ochenta. A lo largo de su trayectoria la artista ha concentrado en la captación de diferentes tipologías de interiores de espacios públicos o semi-públicos.
Sus composiciones, generalmente de formato medio, están realizadas con una rigurosidad y simplicidad cercana a la tradición minimalista, imágenes limpias y neutras.(Kunthaus Bregenz I, 1999).
La artista no emplea el retoque, los lugares se muestran tal y como son. La leyenda de las fotografías persigue esta misma idea de claridad compositiva: con brevedad y precisión se identifica el espacio o edificio representado, su función, su ubicación, y la fecha de realización de la fotografía.
Pese a haber reconocido en varias ocasiones su fascinación por la conducta humana, en las fotografías de Candida Höfer no hay rastro alguno de ello. Así, la artista retrata las salas vacías, tomando siempre el punto de vista del hipotético espectador -los espacios parecen listos para empezar a acoger a sus ocupantes habituales. Lejos quedan imágenes tempranas como Liverpool de 1968 o Türken in Deuschtland de 1980, donde sí se observaba la presencia física de personajes aislados.
La artista ha reconocido su intención de apresar, mediante esta maniobra "deshumanizadora", el carácter aurático y revelador de los espacios representados. En este contexto, los objetos parecen desplegarse mágicamente de su espacio habitual, abandonando los límites físicos de la representación para mostrar las huellas depositadas por el tiempo, dejando a su vez al descubierto el modo de construir y adecuar un lugar por los individuos de nuestro tiempo.
Atualmente su obra está expuesta en el Marco. La exposición, que incluye proyectos desde los años sesenta a partir de un cuidado y acertado montaje, se justifica en el acierto de comparar esas primeras imágenes legadas por Candida Höfer y las de su etapa actual, más conocidas. Se advierte así su intención de temperar la fotografía, como quien afina un piano, buscando ir más allá de la imagen aun manteniendo intacto ese contacto con lo real. En la muestra conseguimos ver cómo, ya sean fotografías de interiores, de exteriores o de personas, siempre ha existido en su mirada una tendencia a la introversión y a la elipsis, como si buscara arrancar el tiempo de los espacios. Y es verdad que aquí descubrimos cómo cada espacio tiene su propia historia y se inscribe en un contexto temporal y cultural. De ahí que el exacto silencio de cada imagen nos permita desplegar el tiempo preciso para aprehenderla, dejando que ésta nos seduzca en su profundidad y nos indique el tiempo y el lugar de ese acto, como enfatiza cuando fotografía distintas obras de On Kawara en colecciones privadas, atrapando el tiempo.














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